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Orden público: Vagos, Maleantes y Peligrosidad Social Exposición

Daniel Gasol

“Orden público: Vagos, Maleantes y Peligrosidad Social” es un proyecto de Daniel Gasol que realiza contrabando de expedientes de la Ley de Vagos y Maleantes (1933-1970) y Peligrosidad Social (1970-1995) para pensar cómo la legislación convierte a las clases desfavorecidas en delincuentes que deben redimirse a través del trabajo para el Estado.

¿Cuándo?

1 Dic - 5 Feb 2022
1 Dic 2021 5 Feb 2022 11:00 a 13:30 - 16:00 a 20:00

¿Dónde?

Chiquita Room

Reserva tu entrada para Orden público: Vagos, Maleantes y Peligrosidad Social
1 Dic - 5 Feb 2022
Miércoles - Sábado
11:00 a 13:30 - 16:00 a 20:00

Reserva ahora
1 diciembre 2021 - 5 febrero 2022

ACTIVIDADES

Inauguración
Miércoles, 1 de diciembre de 2021 a las 19h.

Visita guiada por el artista a la exposición
Miércoles, 15 de diciembre de 2021 de 19 a 20 h Chiquita Room. Villarroel, 25. Barcelona.
Actividad gratuita.

“Expediente personal: ensayo sobre la burocracia”
Jueves, 20 de enero de 2022 de 19 a 20:30 h Galería 4, La Modelo. Entença, 155. Barcelona.
Taller gratuito.

“Legislación y derechos sociales”
Mesa redonda con Antoni Ruiz y Silvia Reyes, personas vinculadas a detenciones por peligrosidad social.
Jueves, 27 de enero de 2022 de 19 a 20:30 h
Galería 4, La Modelo. Entença, 155. Barcelona.
Actividad gratuita.

 Visita guiada por el artista a la exposición
Miércoles, 2 de febrero de 2022 de 19 a 20 h Chiquita Room. Villarroel, 25. Barcelona.
Actividad gratuita.

“Vagos, Maleantes y Peligrosos Sociales”
Celebrar la vida en El Cangrejo del Raval Jueves, 3 de febrero de 2022 de 22 a 1 h
Entrada: 15 euros.

 

El orden social está fundado en el silencio de casi todos. Los amos monopolizan la palabra. Y en la familia, en la escuela, en la iglesia, en la fábrica, en el hospital, en el cuartel, en la prisión, nos inoculan la palabra del amo-mitad vacuna, mitad veneno: barrera contra el pensamiento. Pacto de silencio. Tiempos de cambio. Herencias de una transición no resuelta.

Un individuo sometido al examen deja tras de sí un rastro documental del que difícilmente podrá liberarse; antes, al contrario, ese rastro constituirá su biografía, su individualidad. La “historia” de las vicisitudes escolares, médicas, militares, policiales, judiciales…de una persona, van a ir moldeándola como sujeto diferenciado. De este modo, los resultados del examen continuado permiten construir al sujeto individual (…) el examen convierte al sujeto en un “caso”, en objeto de un saber y de un poder. Un sujeto que puede ser descrito y analizado y juzgado, pero un individuo que debe ser encauzado, normalizado y corregido.

Progresa adecuadamente. Necesita mejorar. Punto positivo. Dos puntos negativos. Seguramente que aquellos que fuimos educados en las lógicas de aquello que parecía ser una transición política, tengamos en estas expresiones el recuerdo amargo de una educación que seguía construyéndose de una manera disciplinaria. Norma y ley. Vigilar y castigar. O que bajo la apariencia de ciertas experiencias de libertad seguían construyendo estructuras y esquemas que no sólo iban a perpetuar los sistemas heteropatriarcales de la familia post-franquista, sino que, en pos de ese “progresa adecuadamente”, avanzaba hacia ese estado del bienestar que no era otro que el de un encubierto liberalismo que caía como una capa oscura sobre aquello que los Pactos de Madrid solamente dejaron en el aire.

“Vagos y maleantes” era una expresión que a muchos de los que nos educamos en la década posterior a la muerte de Franco apenas nos sonaba. A la España del cambio, aquella que se encaminaba a una entrada como elefante en cacharrería en la Unión Europea, aquella que firmaba los pactos de la OTAN y se alineaba en fila con los constructores del Nuevo Orden Mundial, estas palabras eran obstáculos para esa supuesta democracia moderna. Autocensura y represión interiorizada tras muchos años de dictadura y posguerra. Amnesia y enganche, mono del desencanto como lo llamó Teresa Vilarós, que siguió campando entre las producciones culturales de los años ochenta, entre plumas, jeringuillas y síndromes varios. Vagos y maleantes, maricas y yonquis, los nuevos sujetos criminales.

Vagos y maleantes. Vagabundos, nómadas, proxenetas y otros comportamientos considerados como antisociales fueron los que perseguía esta orden aprobada por las Cortes de la II República el 4 de agosto de 1933 y modificada por el régimen franquista el 15 de julio de 1954 para incluir en ella la represión a los homosexuales. Una normativa disciplinaria con la que regular los deseos y los cuerpos. Cuerpos de delito, cuerpos reprimidos, cuerpos de ley, cuerpo social. Consejo de guerra al placer. Se juzga al placer porque el placer les da miedo, se juzga la homosexualidad porque es una forma de obtenerlo.

Ha pasado casi un siglo desde la instauración de la conocida como Ley de Vagos y maleantes y parte de aquella narrativa persiste, los fantasmas de otro tiempo siguen paseando entre nosotros, con nuevos rostros y nombres. Quienquiera que a través de la dulzura o los privilegios intente atenuar o abolir la rebelión, destruye para sí mismo todas las posibilidades de salvación. Y nadie puede perdonar el crimen si no es primero culpable y condenado.

Mientras la izquierda melancólica sigue hablando de progreso y cambio, el conservadurismo sigue reviviendo los fantasmas del pasado en una imposible marcha hacia atrás que nos coloca en un verdadero atolladero sin salida. Aquí y ahora, donde el silencio se quiebra.

“Orden público. Vagos, maleantes y peligrosidad social” se propone como una reactualización de aquellos dispositivos de normativización y vigilancia, performando el archivo, alterando la copia, trayéndola hasta el tiempo actual, donde persiste bajo nuevas estrategias de dominación, las de un capitalismo que nos impone sus lógicas de supervivencia precaria.

Escribe Anna Tsing en La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas, pero ¿y si -como yo sugiero- la precariedad es en realidad la condición de nuestro tiempo?; o por decirlo de otra forma, ¿y si nuestro tiempo constituye el momento idóneo para percibir la precariedad? ¿y si la precariedad, la indeterminación, y todo lo que concebimos como trivial constituyen el centro de la sistematicidad que buscamos? La precariedad es la condición de ser vulnerable a otros. Los encuentros impredecibles nos transforman; no tenemos el control, ni siquiera de nosotros mismos. Incapaces de basarnos en una estructura de comunidad estable, nos vemos abocados a una serie de conjuntos cambiantes que nos reconfiguran al igual que nuestro prójimo. No podemos confiar en el status quo; todo está en constante fluctuación, incluida nuestra capacidad de supervivencia. Pensar en términos de precariedad transforma el análisis social. Un mundo precario es un mundo sin teleología. La indeterminación, la naturaleza no planificada del tiempo, resulta aterradora; pero pensar en términos de precariedad hace patente que la indeterminación también posibilita la vida.

JESÚS ALCAIDE
Comisario independiente y crítico de arte

Artista

Daniel Gasol

Daniel Gasol es artista y Doctor por la Universidad de Barcelona (2015). Su práctica artística gira en torno a la mediación, la pedagogía crítica y las dinámicas colectivas. Cuestiona discursos dominantes construidos por poderes fácticos sobre identidad, trabajo, clase o consumo, que convierten formas de ficción y/o realidad. Inicia su trayectoria combinando la investigación y la producción artística, indagando sobre los mecanismos que constituyen narrativas hegemónicas.

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