Sobre constelaciones Arte

Laia Gombau
30 May 2026
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Hay exposiciones que se observan, y hay otras que invitan a salir al mundo para continuarlas. Este es el caso de Roulé-boulé, proyecto de la pareja de artistas Linda Sanchez y Baptiste Croze. Establecidos en Marsella, una ciudad profundamente vinculada al Mediterráneo, desarrollan desde hace años un trabajo que se mueve entre la observación del territorio, la investigación material y la construcción de relatos a partir de aquello que el mar devuelve a la costa.

Roulé-boulé toma como punto de partida un fenómeno tan cotidiano como sorprendente: la llegada de pelotas a los espigones y playas mediterráneas. Arrastradas por las corrientes marinas durante años, estas esferas se convierten en testigos silenciosos de las dinámicas del mar, del transporte marítimo, de la contaminación y de los desplazamientos invisibles que atraviesan el Mediterráneo. A través de la instalación, Sanchez y Croze construyen una cartografía poética y crítica que nos habla tanto de los movimientos de la materia como de nuestra relación con el paisaje litoral.

El proyecto tiene su origen en un encuentro fortuito. Durante una residencia artística en Córcega, en 2019, en la playa de Nonza, Linda Sanchez y Baptiste Croze descubrieron una pelota de cuero varada entre las rocas que parecía tener cerca de cien años. Erosionada por el tiempo, agrietada por la sal y transformada por la acción de los elementos, aquel hallazgo abrió una pregunta que sigue alimentando su investigación: ¿de dónde proceden estas pelotas? ¿Qué trayectorias han recorrido antes de llegar a la costa?

Desde entonces, los artistas han recorrido las costas del Mediterráneo, desarrollando una investigación de campo que combina observación, recolección, cartografía y conocimiento situado. Día tras día, exploran espigones, diques, escolleras y todo tipo de espacios periféricos donde las pelotas suelen quedar atrapadas. Estos recorridos muestran una costa mediterránea marcada por la turistificación, la contaminación y la degradación de espacios naturales próximos a las ciudades.

Por esto, Roulé-boulé es mucho más que una colección de objetos encontrados: es una investigación abierta sobre las formas de circulación que atraviesan el Mediterráneo. Las pelotas recuperadas se convierten en testimonios materiales de las corrientes marinas, de la contaminación por plásticos, de los usos recreativos de las playas y, también, de los movimientos y desplazamientos humanos que atraviesan este mar compartido.

En este contexto han surgido las salidas Constelaciones mediterráneas, experiencias colectivas concebidas como una extensión viva del proyecto: una invitación a observar la costa catalana con otros ojos, a dejarse llevar por el juego de la búsqueda y a participar en una especie de búsqueda del tesoro. Por un lado, estas salidas nos acercan al interés de los artistas por la exploración del territorio y la recolección de materiales. La búsqueda de pelotas encalladas entre las rocas activa la curiosidad, la observación y la colaboración entre los participantes. Por otro lado, estas caminatas abren también un espacio para una reflexión más amplia sobre los residuos y las historias que pueden esconder objetos aparentemente insignificantes.

Muchas de las pelotas localizadas han pasado años expuestas al sol, a la sal y a la erosión de las olas. Irisadas, agrietadas, pulidas y transformadas por el paso del tiempo, desarrollan lo que los artistas describen como una especie de «devenir roca»: se camuflan entre los bloques de las escolleras hasta confundirse con su entorno. Reconocerlas implica ejercitar una mirada paciente, capaz de leer las transformaciones materiales del litoral y entender la costa no como un escenario inmutable, sino como un espacio atravesado por procesos ecológicos, económicos y sociales.

El pasado 21 de mayo compartimos la primera experiencia con el Institut Escola Lluís Millet de El Masnou, junto al alumnado de 3.º de ESO y el profesorado que les acompañaba. La jornada comenzó con una breve presentación del proyecto, una introducción que permitió contextualizar el trabajo de los artistas y explicar las principales líneas de investigación. Después nos dirigimos a los espigones próximos al centro educativo, en el entorno del puerto deportivo de El Masnou.

Muy pronto aparecieron los primeros hallazgos y, en poco tiempo, el grupo había localizado una docena de pelotas. El alumnado se mostró especialmente activo y participativo, con ese entusiasmo propio de quien descubre una nueva forma de mirar un espacio conocido. Entre las rocas también emergieron otros restos inesperados, como la llanta de una rueda de coche atrapada entre los bloques, una presencia tan sorprendente como reveladora de las múltiples capas de historias que se acumulan en la costa.

Unos días más tarde, el sábado 23 de mayo, tuvo lugar la segunda salida, esta vez con un grupo formado por personas de la comunidad de Chiquita Room y afines al proyecto. Nos reunimos cerca del Puerto de Barcelona. Éramos aproximadamente ocho personas, de distintas edades, unidas por la misma curiosidad y por el deseo de localizar estas pelotas atrapadas entre las rocas.

En este caso, el terreno presentaba una dificultad añadida. Las escolleras eran mucho más grandes y el acceso a los objetos resultaba considerablemente más complejo. Fue entonces cuando Linda Sanchez y Baptiste Croze pusieron en práctica la experiencia adquirida durante años de investigación sobre el terreno. Con una combinación de paciencia, observación e improvisación, mostraron distintas estrategias para acceder a los espacios más difíciles: desde adentrarse con destreza entre las rocas hasta construir pequeños utensilios para recuperar las pelotas encalladas sin alterar el entorno.

Las caminatas pusieron de manifiesto que la investigación artística puede convertirse en una herramienta de mediación y de producción de conocimiento colectivo. Transformando el paseo en metodología y la curiosidad en una forma de investigación, el proyecto nos recuerda que el paisaje es un archivo vivo, lleno de rastros, memorias y relaciones a menudo invisibles.

Las pelotas recuperadas durante estas jornadas en Cataluña pasan ahora a formar parte de la investigación en curso de Linda Sanchez y Baptiste Croze, ampliando su colección. Cada nuevo hallazgo incorpora una trayectoria singular, una historia todavía parcialmente desconocida que contribuye a ampliar esta cartografía colectiva. Actualmente, la colección reúne alrededor de 500 pelotas recuperadas en distintos puntos de la costa mediterránea, y continúa creciendo con cada nueva expedición.

Queremos terminar este relato con un sincero agradecimiento a los artistas por su generosidad y por la manera tan abierta con la que comparten sus procesos de trabajo. Adolescentes, docentes, voluntarias, visitantes o simples curiosas se convierten, durante unas horas, en observadoras activas de un fenómeno que conecta ecología, geografía, historia material y experiencia colectiva.

Proyectos como Roulé-boulé nos recuerdan su capacidad para generar conocimiento, crear comunidad y activar nuevas formas de relación con el entorno. Apoyar este tipo de prácticas significa apostar por maneras de pensar el territorio desde la complejidad y la sensibilidad. Significa también defender espacios donde el arte nos ayuda a comprender el mundo, habitarlo e imaginarlo de otra manera.

Gracias a Linda Sanchez y Baptiste Croze por habernos invitado a seguir las huellas de estas constelaciones mediterráneas. Hasta la próxima salida.