Érase una vez...

Ojalá vivas tiempos interesantes

Cuando inauguró Chiquita Room, la idea de llevar un semanario de la galería y compartir contenidos súper interesantes a través del blog tenía mucha forma y mucho peso. Había detrás una larga lista de temas que tratar sobre arte, pensamiento, life itself… La lista fue creciendo y creciendo sin poder gozar del placer de tachar, puesto que la falta de tiempo en la agenda fue relegando los artículos semanales por otras tareas más urgentes. Ahora que el mundo se ha parado, en cuarentena, hay tiempo y ganas para escribir. Leo sobre un mal de ojo made in China. Sí, así desean allí a sus congéneres las peores desgracias: «Ojalá vivas tiempos interesantes» te sueltan. Y allá te apañes, se me ocurre como coletilla. Parece una broma, pero suponiendo que los periodos de mayor interés en la historia son aquellos en los que se dan más problemas, dramas y sufrimiento, con el famoso coronavirus esparciéndose por todo el mundo, esta debe de ser una época particularmente interesante. Afrontamos algo completamente nuevo y estamos viendo cosas que no habíamos visto antes, lo que pasa es que nos toca vivirlo en confinamiento y verlo a través de una pantalla.

En esta situación, se me plantea oportuno medir la distancia entre lo privado y lo público, lo colectivo y lo individual, cuyos límites hoy se desdibujan, también a través de una pantalla. Las videollamadas, FaceTime, reuniones por Zoom o Skype, Microsoft Teams, etc. son herramientas que hasta ayer eran accesorias para la mayoría, pero hoy se presentan necesarias como el grifo que abrimos para lavarnos las manos. Y aún más que necesarias, ¿tenemos que vernos las caras a diario cuando hasta hace 15 días nos bastaba con hablar por teléfono? Si es cierto que vivimos en la supremacía visual y consumimos imágenes compulsivamente sin más filtro que los de Instagram, ahora la realidad aparece más confusa, más abstracta. Tan pronto abrimos nuestra intimidad y espacios personales al entorno profesional (que tiene habitualmente otra naturaleza), como caemos en el aislamiento ensimismado de hiperconectarnos en contextos virtuales (donde los recursos para gestionar las emociones se reducen casi solo a emojis). En la privación de esa dimensión social ambiental, que las redes (a pesar del nombre) no ofrecen, quizá esta sea una buena oportunidad de hacer algo interesante con los tiempos que vivimos, de ver más allá de la primera vista y la inmediatez. Quizá podamos aprender a sentir la conexión estando lejos y guardar la distancia adecuada en el respeto. Quizá sea posible dibujar un nuevo escenario, aunque tengamos que ir hasta el fondo de la incertidumbre para imaginar (de imagen) una nueva realidad.

Por aquello de aprender de los errores, podemos mirar atrás. Ayer escuché en la radio que la Biblia, junto al Libro Guiness de los récords, son los dos libros más robados en librerías y bibliotecas del mundo. Seguramente se relaten algunos tiempos interesantes en ella también. En la exposición Mise en images que inauguramos diez días antes del encierro total, tenemos la versión ilustrada por Adam Broomberg y Oliver Chanarin, para cuya edición utilizaron imágenes de The Archive of Modern Conflict. La violencia, la calamidad y lo absurdo de la guerra se registran ampliamente en este archivo que es la colección fotográfica más grande del mundo en su género. El dúo artístico Broomberg & Chanarin selecciona imágenes bajo el principio central del filósofo Adi Ophir de que Dios se revela predominantemente a través de una catástrofe, a la vez que se plantean cómo las estructuras de poder dentro de la Biblia se correlacionan con las de los gobiernos modernos. El proyecto de esta publicación está inspirado en parte por las anotaciones e imágenes que Bertolt Brecht agregó a su propia Biblia personal, y busca cuestionar los clichés en la representación visual del conflicto, guiando la selección de imágenes a través del texto original.

En el henchido intercambio de contenidos y entretenimiento que copa nuestras conversaciones confinadas, aparece durante esta segunda semana de cuarentena otra idea de Dios. La del film El nuevo nuevo testamento, del belga Jaco Van Dormael. Por lo visto, existe y vive en Bruselas. Es un cínico escritor que se dedica a fastidiar la vida a las personas, grosero y mezquino con su esposa y con su hija. Mucho se ha hablado de su hijo, JC, pero muy poco de su hija. Es Ea, tiene 10 años y para vengarse de su padre, ha mandado por SMS a la humanidad las fechas de sus muertes. Si lo supiéramos, ¿qué haríamos con lo que nos queda de vida? Ahora, que no sabemos del todo bien a lo que nos enfrentamos, que el conflicto es externo e interno a la vez, podemos pensar que frente a semejante panorama lo mejor sería volver a vivir en tiempos aburridos. Pero como lo que nos ha tocado es esto, veamos qué podemos hacer con ello.

Bajo este parón global, enmarcado en el drama de las cifras, de las pequeñas terribles historias, también de las iniciativas comprometidas, de los plastas de Whatsapp, debe de haber algo más. Detrás de esta crisis sin parangón, tiene que haber una enseñanza colectiva y otra (como mínimo) por cada individuo. Ahora que se ponen en evidencia nuestras grandezas y nuestras miserias, ¿por qué no nos damos el tiempo y la oportunidad de averiguarlo? Si esto que está sucediendo es más grande de lo que a día de hoy podemos alcanzar a comprender racionalmente, ¿por qué no nos abrimos a vivirlo? Cada minuto, sin más. Aprovechando para ir despidiéndonos de lo que va a quedar atrás, preparándonos para lo que viene, reeducando hábitos que nos hagan bien, a nivel particular y colectivo, apreciando lo que realmente vale la pena. Si de verdad queremos ir más allá, vivir en un entorno sostenible (con todo el significado del término), con una calidad de vida justa en su medida y compartida, cambiemos de verdad el chip. Vayamos más allá del miedo de ver cómo el sistema que conocemos se empieza a desmoronar. Sabemos que el ser humano es de corta memoria y corremos el riesgo de que todo se esfume, afanémonos aquí. Llevamos dos semanas en casa y nos quedan (por lo menos) otras dos, así que no debemos de tener nada mejor que hacer. Citando a mi querida Enriqueta de Liniers, pensemos en la posibilidad de que en este mundo torcido, una vez todo fue nuevo.


Laura González Palacios

Laura González Palacios

Periodista de formación, editora por vocación y chamana en ciernes. Vivo en Chiquita Room, publico libros de artista y leo el tarot.

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