Érase una vez...

Cuando la palabra es solo forma

Aunque la función principal de la palabra es la comunicación, me gustaría hablar de palabras que no comunican, ilegibles, tachadas o emborronadas; que aparecen sin representar ningún concepto, como si fuesen mero trazo. Palabras que significan en sí mismas y se presentan como forma. Es evidente que si hay un campo en el que esto ocurre es en las artes y el diseño. No es nuevo: el texto ha acompañado a la imagen desde hace mucho tiempo. El movimiento Dadá hizo una gran contribución a la inclusión de la letra en la obra plástica, tanto en la pintura como en técnicas como el collage. Esta descarga representacional del lenguaje no ha parado de tomar fuerza, pero podríamos decir que una de las primeras apariciones de la palabra como imagen de forma explícita y moderna fue con René Magritte. Aunque lo que ocurre en este caso debe ser descartado, ya que su texto es totalmente legible, su obra presenta una caligrafía extremadamente cuidada y controlada. A mí, por el contrario, me interesa el texto distorsionado, borroso, roto, afásico. Mi interés se localiza en un camino de ida y vuelta, entre el mirar y el leer donde quien observa o lee no encuentra reposo.

Sam Winston, artista visual inglés, realizó una acción performática durante siete días en 2017, titulada “Darkness Visible”. Se encerró en su estudio en total oscuridad y comenzó a dibujar. En un artículo publicado por Grafik en 2017 el artista cuenta que, como creador visual, no le interesaba la creación de imágenes a partir de un estímulo visual exterior, sino que quería crear desde la oscuridad total, desde una “imagen interna”. Lo que es interesante del trabajo de Sam es que para la creación de imágenes utiliza texto. Se dedicó a escribir frases vinculadas a esta experiencia en la oscuridad. Las palabras se iban superponiendo unas encima de otras hasta que se convertían en tachones de texto que se leían parcialmente por sus laterales. Sam transforma el texto en imagen, lo arranca de su función comunicativa, lo hace oscuro en sí mismo, con pequeñas partes de luz que dan a entender que se trata de un texto que quizás podría llegar a leerse. Así, el texto aparece como imagen y pierde su capacidad comunicativa textual y lineal.

Winston, Sam. Sightless Words. 2017

Pero, ¿qué pasa cuando esta ilegibilidad entra en el campo de las artes o el diseño? Lo que parecía que era lenguaje mudo, sin comunicación, da un giro y su lectura toma otro rumbo: la ilegibilidad se torna legible. El tachón no pertenece a lo eliminable, sino que es el tachón mismo el que se da a la lectura. La letra ha perdido su significado textual y lineal al que nos hemos acostumbrado a razonar, comunicando de otra forma.

Sin ir muy lejos Mar Arza, artista que participó en la exposición inaugural de Chiquita Room: Barcelona Plan B, no cesa de utilizar la palabra como materia prima para su obra visual. Palabras cortadas, diseccionadas y reubicadas. Por poner un ejemplo y poder apuntar con el dedo la cuestión, hablaré de su obra «Siempre jamás», expuesta en 2016 en su exposición individual Resquicio en la galería Rocío Santa Cruz. En la obra, toda palabra pierde su orden y estructura gramatical. El simple gesto de cortar dos frases por la mitad y contraponerlas crea un cortocircuito en la comunicación escrita. La palabra ha sido arrancada de la linealidad del texto, dejando una huella latente de su origen. Sería un error aproximarse a estas letras con las lentes de la lectura tradicional. Sus antiguos significantes y significados se rompen para componer una dimensión visual e icónica.

Mar Arza

Por otro lado, desde el diseño encontramos también la ilegibilidad en campos como la
tipografía. Eliott Grunewald, diseñador gráfico y tipógrafo, realizó su proyecto “Epoxy” en 2018.
«Epoxy» lleva la expresión de la letra al límite, hasta arrancarla de su función comunicativa. Esto
ha sido un tema muy discutido entre los tipógrafos: ¿puede la tipografía renunciar a su finalidad como herramienta comunicativa y actuar como imagen? A ello, Eliott responde que sí. Lo que él busca es la expresión de la letra en sí, no de la expresión que la denomina. Para él, lo ilegible tiene aún algo que decir a través de su forma. Pero… ¿qué es lo que tiene que decir? ¿Cómo lo dice? ¿Qué es lo que consideramos ilegible? ¿Es aquello que tiene una disposición lineal del texto? ¿Qué es entonces lo que entendemos por leer? ¿Por qué esta recurrencia a la ilegibilidad de la letra en los campos de la expresión y la comunicación visual?

Si entendemos por ilegible todo aquello que no utilice un lenguaje lineal, estructurado y
gramaticalmente correcto, ¿puede ser para evidenciar la propia ilegibilidad de las artes y el
diseño? Todas estas son preguntas que lanzo como reflexión en torno a la aparición reiterada
de texto ilegible en las artes y el diseño. Lo que puedo sacar en claro es que el texto que aparece en las obras mencionadas son una especie de texto mudo, vaciado de su concepto, que aparece solamente como forma; pero en esta ilegibilidad existe un mensaje latente que me lleva a otro orden de lectura.

GRUNEWALD, Eliott. Epoxy. 2018


Andrea Fernández-Vegal Avilés

Andrea Fernández-Vegal Avilés

Estudio artes y diseño. Me gusta recortar, pegar y fotografiar.

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