EXPOSICIÓN


To talk about trees

Sara Agudo Millán

 

25.06.2020 | 05.09.2020


 
To talk about trees es un proyecto que reflexiona sobre el modo de percibir nuestro vínculo actual con la naturaleza y la crisis medioambiental. Parte de un verso del poemaWhat kind of times are these [Qué clase de tiempos son estos] de Adrienne Rich que responde al poema To those who follow in our wake [A los que vendrán después] de Bertolt Brecht, en que el autor alemán se pregunta si hablar de árboles en tiempos oscuros no es un crimen puesto que implica silenciar tanta injusticia. Algunos años después, la poeta e intelectual estadounidense contesta que para escuchar es necesario hablar de árboles. En la contradicción que plantean estos versos se encuentra la motivación de la exposición. Sara cuestiona a qué le damos valor y cómo esta elección condiciona nuestra relación con el entorno, invitándonos a repensar aquello a lo que no prestamos atención. La muestra está formada por una publicación desplegada en el espacio que recopila textos de diversas fuentes, una serie de registros, fotografías y una instalación efímera de elementos vegetales.
 
To talk about trees es un proyecto que empezó en primavera de 2019 en Madrid, como continuación de la línea de investigación de la artista Sara Agudo Millán sobre el valor de lo que no percibimos en nuestro entorno más cercano, planteando la importancia de prestar atención a lo que generalmente pasa desapercibido. Esto es, lo visible frente a lo vistoso como un mecanismo para encontrar otras formas de situarnos en nuestro contexto, siempre cambiante e impredecible. El proyecto parte de un verso del poema What kind of times are these [Qué clase de tiempos son estos] de Adrienne Rich que responde al poema To those who follow in our wake [A los que vendrán después] de Bertolt Brecht, en que el autor alemán se pregunta si hablar de árboles en tiempos

oscuros no es un crimen puesto que implica silenciar tanta injusticia. Algunos años después, la poeta e intelectual estadounidense contesta que para escuchar es necesario hablar de árboles. En la contradicción que plantean estos versos se encuentra la motivación de la exposición.

Este análisis ha llevado a Sara a reflexionar sobre el modo de percibir nuestro vínculo actual con la naturaleza y la crisis climática, que subyace e influye en situaciones como la pandemia que vivimos, debido entre otras razones a la destrucción de la biodiversidad. Un vínculo con la naturaleza que tiene que ver con que los seres humanos también somos naturaleza y que se aleja de la idea de verla como algo ajeno que podemos dominar. ¿Cómo aquello que permite nuestra vida en la tierra ha sido tan infravalorado? En el estudio Plant Blindness, James H. Wandersee & Elisabeth E. Schussler definen este fenómeno como la incapacidad para ver las plantas en nuestro entorno, reconocer su importancia en la biosfera y conocer sus características, dado que se han considerado insignificantes según la clasificación antropocéntrica. A menudo, aquello que no percibimos no es más que aquello a lo que no prestamos atención porque no le damos valor. Abrir los ojos y mirar no significa necesariamente ver. Nuestra visión está formada por un complejo sistema que ocupa más espacio en nuestro cerebro que cualquier otro sentido. Lo que vemos varía según cómo esté codificado en nuestra memoria y viene determinado por dos factores: el grado de atención que le damos y la importancia que le atribuimos.

Mientras en los años 80 se consideraba que las plantas no eran inteligentes (de ahí expresiones como vegetar), algunas investigaciones botánicas de los 2000 se atrevieron a dotarlas de cierta forma de inteligencia, y en la actualidad ya se habla de que superan la de los seres humanos. El botánico Francis Hallé asevera que son más inteligentes que las personas, porque las plantas, no sólo no destruyen su entorno, sino que lo mejoran. Y el pionero en el estudio de la neurobiología vegetal, Stefano Mancuso, lleva años estudiando la sensibilidad e inteligencia de las plantas, alumbrando ideas tan interesantes como que tienen nuestros cinco sentidos y quince más. Atender a las plantas implica la posibilidad de considerar nuevas formas de convivir, más cuidadosas y menos invasivas con nuestro entorno y los cuerpos que lo habitan. Más que la superioridad o el poder de los seres humanos, en la actualidad se ha evidenciado su vulnerabilidad y fragilidad. Hecho que hace pertinente buscar un nuevo lenguaje plural y reconocer que somos la única especie que obstaculiza a las otras, e incluso a ella misma.

El diario británico The Guardian dejó de utilizar el año pasado el término ‘cambio climático’ para empezar a emplear el de ‘crisis climática’, porque el término “crisis” incide en cómo la situación afecta a la sociedad, evidenciando la urgencia del momento. La perspectiva histórica del uso de estos términos responde a un cambio de percepción que se remonta a principios del siglo XX, cuando se empezó a hablar de cambio climático en los estudios científicos. En la época, se veía como algo lejano y considerado pasajero, como parte del equilibrio natural sobre el que no es necesario preocuparse. En los años 50, comienzan a desarrollarse estudios sobre las emisiones de CO2, pero sin contemplar factores como el crecimiento de la población o el consumo de energía. En 1970, se celebra por primera vez el Día de la Tierra atendiendo a temas como los pesticidas, la depuración de las aguas y contaminación de las fábricas. Todavía no se habla del cambio climático. Es en 1989, cuando se publica el primer informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) que inaugura los estudios científicos sobre el calentamiento global. En 1995 se publica el segundo informe que ya evidencia la influencia real de la actividad humana. En 2001, el tercer informe anuncia que el calentamiento es más rápido de lo previsto. Entre tanto, se empieza a hablar de crisis climática mientras el Protocolo de Kioto no llega a concretarse lo suficiente. Tras el acuerdo de París de 2015, se llevan a cabo algunas políticas relevantes pero sin pasos claros. La ciudadanía y los movimientos ecologistas se han manifestado contra la inacción por parte de los políticos, porque, a pesar de las evidencias científicas, no se toman las medidas adecuadas. Por ello, se habla ahora de emergencia, como la situación de peligro o desastre que requiere de una acción inmediata.


Es el momento de hablar de propuestas concretas que atiendan al contexto actual, integrando la otra gran crisis que atravesamos, la de la COVID-19. La crisis climática exige responsabilidad y participación común, porque es un proceso que necesita de nuestra adaptación como seres humanos. La emergencia no podrá durar muchos años. Es necesario hablar de árboles.

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